Política

DETERIORO Y PÉRDIDA DE LOS RÍOS URBANOS.

Juan Eduardo Gil Mora. Consultor Ambiental. Registro SENAECE 436-2019-AGR.

En los últimos decenios, las diversas ciudades del país han tenido un acelerado proceso de urbanización; la tasa de crecimiento urbano ha sido superior al 2% anual y en algunas ciudades como Cusco, Juliaca, Abancay, Quillabamba, Sicuani, por citar algunas urbes ha sido superior al 4%; este palpable proceso ha sido no planificado, descontrolado y sin ninguna alternativa de quienes tienen competencia, como las municipalidades, Ministerio de Vivienda, Ministerio de Salud, las empresas prestadoras de servicio de agua y alcantarillado, la SUNASS, etc. El rápido crecimiento urbano en las ciudades ha generado un nuevo patrón de urbanización que también representa grandes desafíos para los gobiernos locales, que necesitan incrementar la provisión de servicios básicos (públicos y sociales), garantizar mayor calidad de vida, promover la generación de empleo, proteger el ambiente y abordar los desafíos relacionados con la gestión de residuos sólidos, aguas residuales y el cambio climático. Sumado a lo anterior, las ciudades aún se caracterizan por contar con altos índices de pobreza, falta de áreas verdes, inadecuada gestión de residuos sólidos, implementación de colectores para las aguas residuales generadas por viviendas y, los gobiernos municipales requieren, en general, fortalecer su capacidad institucional y operacional, exacerbada ante la escasez permanente de recursos para inversiones y la necesidad de una gestión fiscal adecuada. Esta acelerada expansión urbana ha ocurrido principalmente mediante la ocupación informal, no planificada del territorio, invasión de las fajas marginales de los ríos que discurren a través de las ciudades o por la periferia, lo que ha generado ciudades con amplios sectores que no cuentan con acceso adecuado a servicios básicos, espacios públicos, infraestructura urbana, que limitan el acceso de la población a servicios públicos, equipamiento social, infraestructura colectiva, sistemas de movilidad, conectividad, espacios públicos, vivienda adecuada, seguridad ante riesgos de desastres, el uso racional del suelo en favor del interés común y la sostenibilidad ambiental, y oportunidades económicas en general. Por lo tanto, las ciudades crecen con poca planificación y atención a su ingeniería, la calidad de sus aguas loticas, bosques, humedales y áreas de recreación. Una urbe que crece en forma descontrolada, caótica y, no planificada, genera más contaminación, impactos ambientales negativos, pérdida del paisaje, riesgos ante criminalidad y ante desastres naturales; las entidades competentes para la gestión del territorio en su correspondiente jurisdicción, son los gobiernos locales quienes deben gestionar el territorio en el marco de los Planes Regionales de Desarrollo y de la Zonificación Económica-Ecológica que, a su vez, deben estar compatibilizados con la Política Nacional de Desarrollo. Para ello, disponen de instrumentos como el Plan de Ordenamiento Territorial y el Plan de Acondicionamiento Territorial a nivel provincial; de otro lado, también las municipalidades disponen de los Planes de Desarrollo Urbano. Así se gestiona el suelo urbano, urbanizable y no urbanizable. Los gobiernos locales aprueban la Zonificación de Usos del Suelo y ejercen el control urbano, con el fin de asegurar el cumplimiento de las especificaciones de los Planes de Desarrollo Urbano. (DS 004-2011- VIVIENDA).

En una ciudad, cuyo crecimiento es no planificado, la generación y disposición de residuos sólidos es uno de los problemas ambientales más evidentes y Cusco, Quillabamba, Sicuani, Abancay e incluso Andahuaylas (que cuenta con un relleno sanitario) no son ajenos a este problema.

Cada día generamos mayores volúmenes de residuos sólidos y nuestras ciudades son el principal foco de producción de residuos, a ello se suma la inadecuada gestión de parte de los gobiernos locales, pues menos del 60% de los residuos sólidos son recogidos y adecuadamente dispuestos, el resto es abandonado en calles, áreas públicas, orillas de ríos, vera de carreteras, generando contaminación vinculada a la salud pública. De conformidad al D.L. 1278: Gestión Integral de Residuos Sólidos, el artículo 22, señala que: “Las municipalidades provinciales, en lo que concierne a los distritos del cercado, y las municipalidades distritales son responsables por la gestión de los residuos sólidos de origen domiciliario, especiales y similares, en el ámbito de su jurisdicción” (…) además de los servicios de recolección, transporte y disposición de los residuos sólidos municipales. El DL plantea también que son responsables de promover e implementar progresivamente programas de segregación en fuente y recolección selectiva de residuos. (MINAM, 2018). De otro lado, cuando los asentamientos urbanos son producto de un proceso de urbanización sin control, las aguas residuales generadas en las viviendas carecen de un colector y son clandestinamente conectadas a cursos de agua superficiales o a quebradas secas que luego llegan a contaminar suelos, aguas freáticas y constituyen focos de infección; sin duda, el vertido de aguas residuales sin depurar ocasiona daños, en muchos casos irreversibles, al medio receptor, afectando tanto a ecosistemas acuáticos como las riberas de ríos; el vertido de aguas residuales no tratadas supone riesgos para la salud pública; consecuentemente, la creciente contaminación de las fuentes de agua ha puesto en riesgo la salud humana y la de los ecosistemas. Por razones de salud pública y por consideraciones ambientales, económicas y sociales, las aguas residuales provenientes de los usos poblacionales o procesos industriales, no pueden ser eliminadas evacuándolas directamente a las fuentes naturales o reusándolas de la misma forma para usos con fines agrícolas; toda vez que constituye en una obligación de quien lo produce, asumir los costos que representa su tratamiento previo; sin embargo, la mayor proporción de las aguas residuales generadas en las ciudades no son tratadas, vertiéndose directamente a los cauces naturales. El crecimiento urbano sin planificación ni ordenamiento territorial, genera aglomeraciones sin áreas verdes, sin rutas de escape planificadas, sin espacios públicos, sin los aportes que demanda la Ley; es pertinente considerar que los espacios públicos son una herramienta para mejorar la funcionalidad urbana y promover la salud y ecosistemas urbanos productivos, mejorando la calidad de vida para los residentes. Los espacios públicos están ampliamente asociados con beneficios como mayor seguridad y cohesión social, mayor igualdad y mejora de la salud y el bienestar. Aumentan el valor de los predios, la actividad comercial, el valor del patrimonio inmobiliario, y el atractivo de la ciudad. También, contribuyen a una mayor eficacia y eficiencia del transporte y la movilidad. Una ciudad próspera es inclusiva y proporciona espacios para la cohesión, la recreación y el desarrollo de los grupos vulnerables a través de la provisión de espacios públicos adecuados y bien diseñados (ODS 11.7, ONUHABITAT, 2018). Asimismo, la infraestructura ecológica o natural es un concepto reciente que se está integrando al planeamiento y diseño urbano, y que deviene de la preocupación y la oportunidad de integrar los ecosistemas naturales (con todos sus valores y servicios) como parte del sistema de espacios abiertos a las ciudades. Las entidades que planifican, cuidan y gestionan los espacios públicos y la infraestructura natural de la ciudad, son los gobiernos locales quienes deben planificar y gestionar los espacios públicos y la infraestructura natural de la ciudad, en el marco de sus políticas de gestión del suelo reflejadas en los Planes de Desarrollo Urbano y otros planes de carácter territorial y ambiental. Según el Reglamento Nacional de Edificaciones (Decreto Supremo Nº 011-2006 – Vivienda Reglamento Nacional de Edificaciones, Norma G40), los espacios públicos se definen como una superficie de uso público destinado a la circulación o recreación. Esta definición genérica puede abarcar una diversidad de espacios, desde calles, veredas, plazas y parques, como las fajas ribereñas de los ríos, las playas y otros ecosistemas urbanos destinados principalmente al uso público y la recreación. La distribución equitativa de espacios públicos dentro de la ciudad es necesaria para la accesibilidad y el uso en general. También lo es la calidad de los espacios. (UN, 2018).

Un río, al igual que otros ecosistemas hídricos, proporciona importantes bienes y servicios a la sociedad como resultado de procesos físicos, químicos y ecológicos a diversas escalas temporales, y están vinculados en forma directa con el comportamiento natural de las corrientes de agua y su grado de calidad. Desde un punto de vista ecológico, un río es un ecosistema dinámico y complejo caracterizado por la presencia de agua dulce en movimiento que recorre distancias en favor de la gravedad a través de un lecho o cauce. En su recorrido establece interacciones y conectividad ecológica (La conectividad es un atributo ecológico que significa la continuidad o conexión espacial de los ecosistemas sin interrupciones, en el que se favorecen los intercambios de materiales, energía y material genético entre las especies. En el ámbito de los socioecosistemas, la conectividad ecológica implica procesos físicos, biológicos, sociales y económicos interconectados.) en los tres ejes dimensionales en que transita: longitudinal, transversal y vertical. Además, un río es un ecosistema con marcada variabilidad temporal. El río en su discurrir transporta materiales, nutrientes y energía necesarios para otros ecosistemas ubicados aguas abajo (dimensión longitudinal) y hacia los ecosistemas terrestres adyacentes (dimensión transversal). Gracias a la estructura de los sedimentos del cauce, el agua se infiltra y forma el hiporreo o río inferior, que posibilita la autodepuración de las aguas y la recarga de los acuíferos (dimensión vertical). En estas tres dimensiones espaciales y la dimensión temporal se establecen interacciones ecológicas, ecosistémicas y sociales. Las especies biológicas, incluido el hombre, han armonizado sus historias de vida, procesos y actividades a la variabilidad de los caudales.

Con todas estas consideraciones se debe pensar que un río es algo más que el medio por donde pasa un caudal. Se debe tomar en cuenta que el río posee zonas ecológicamente relevantes: · La zona de ribera y la llanura de inundación, con gradientes de vegetación dados por la afinidad a la humedad en la dimensión transversal. · La zona hiporreica, o río inferior. · Y un cauce con microambientes para diversas especies de flora y fauna (Sabater et al., 2009). Para que un río conserve su funcionalidad natural, se recupere después de una perturbación y provea de bienes y servicios ecosistémicos debe mantener su integridad ecológica, es decir, su capacidad de soportar y mantener una comunidad de organismos cuya composición de especies, diversidad y organización funcional son comparables con los hábitats naturales dentro de una región particular. Un río funcional debe esta condición a que a través de él fluye un régimen de caudales variable en el tiempo y en el espacio. El régimen de caudales de un río es la manera en que se comporta el agua que fluye por su cauce en función de los cambios estacionales del clima local. Los diversos ríos urbanos en Cusco (Huatanay, Saphy, Huancaro, Choqo, Cachimayu, entre los más importantes; en Quillabamba el Chuyapi y Sambaray; en Sicuani el LanguiLayo y el propio Vilcanota; en Abancay el Mariño e incluso el Pachachaca y en Andahuaylas el Chumbao, han sufrido y vienen sufriendo las consecuencias de un proceso de urbanización que han conducido a la pérdida de la calidad de sus aguas y hoy constituyen focos de infección y deterioro de la faja marginal. Los ríos enumerados en el parágrafo anterior han seguido un proceso de deterioro de sus características ecológicas por las actividades antrópicas; si se grafica este deterioro, podríamos tener como resultado, que la condición biológica en los orígenes de los cursos de agua, con características cristalinas, transparentes, con bioindicadores de calidad de agua sin contaminación orgánica, pasan a tener índices de calidad de una contaminación orgánica que ha hecho que la pérdida de la calidad del agua para usos apropiados se haya perdido por la adición de aguas residuales, residuos sólidos, escombros, residuos industriales y hospitalarios.

Los ríos que surcan la ciudad imperial y que forman parte de la subcuenca del Huatanay con más de 500 Km2 de superficie han ido perdiendo paulatinamente, no sólo su estabilidad, sino sustancialmente su calidad, pues son receptores de las aguas residuales domiciliarias, residuos sólidos, arrojo de escombros de construcción, invasión de la faja marginal, detergentes, pesticidas provenientes de la actividad agrícola.

Aun cuando en Cusco la Planta de Tratamiento de Aguas residuales ha sido repotenciado y trata el 70% de las aguas residuales generadas por una población de más de 400,000 habitantes; sin embargo, los asentamientos urbanos que no poseen colectores, como es el caso de los que habitan las microcuencas de los ríos Saphy; Cachimayu, Tenerías, Quichiru y otros, tienen conectadas sus desagües directamente a los cauces de los ríos; por lo tanto, no obstante el papel importante que cumple la PTAR San Jerónimo, la contaminación de las aguas de los ríos urbanos en Cusco es sumamente alta.

RÍO CHUYAPI. Representativo del distrito de Santa Ana en la provincia de La Convención e identificada con los habitantes de Quillabamba, la capital de esta provincia; antaño, se solía pescar y sus aguas eran utilizadas como el balneario más cercano a la población; la longitud de la cuenca es de 20.61 km hasta su desembocadura en el Vilcanota.

La población que habita las riberas del río y con participación de la Municipalidad han construido un colector aéreo para derivar sus aguas residuales; no obstantes ello, el colector vierte las aguas residuales directamente al río Chuyapi, generando contaminación y un atentado a la salud pública. Considerando lo anterior; la ANA Mediante RESOLUCIÓN N° 2-7-5 -2015-ANA/TNRCH de mayo 2015, señaló que la Administración Local de Agua La Convención, mediante inspecciones oculares realizadas el 2013, confirmó la existencia de cuatro (4) puntos de vertimientos de aguas residuales en los ríos Vilcanota y Chuyapi, sin autorización de la Autoridad Nacional del Agua, efectuados por la EPS EMAQ y, de conformidad con el análisis de calificación según lo establecido en la Directiva General N° 001-2012-ANA-JDARH, la infracción ha sido calificada como grave. Por lo anteriormente señalado, el río Chuyapi ha sido contaminado deliberadamente por acciones irresponsables.

RÍOS MARIÑO Y CHUMBAO EN APURIMAC. Como en los casos anteriores, ambos ríos ya han perdido su calidad debido a las malas prácticas antrópicas que generan contaminación; la microcuenca del río Mariño, nace en la parta alta del Santuario Nacional del Ampay y la laguna de Rontoccocha, atraviesa los distritos de Tamburco y Abancay, hasta la confluencia con el río Pachachaca. A lo largo de su recorrido, recibe escombros, residuos sólidos, aguas residuales sin tratamiento alguno deteriorando su calidad, a pesar de que el río tiene una buena pendiente y podría recuperarse en su descenso; sin embargo, la carga orgánica es mucho mayor a su capacidad de autodepuración; consecuentemente pierde su calidad.

De otro lado, el río Chumbao que constituye el principal río que atraviesa el ámbito conurbado de San Jerónimo, Andahuaylas y Talavera. A lo largo de su recorrido es transgredido por la irresponsable conducta en detrimento de su calidad; su cauce se encuentra lleno de residuos sólidos, escombros, aguas residuales provenientes de los asentamientos humanos que han invadido la faja marginal, haciendo que el río se haya convertido en un foco infeccioso que afecta a la salud pública.

Como señalamos al inicio, existen instituciones que tienen competencia directa respecto de gestionar la calidad de los ríos urbanos: municipalidades, los sectores Vivienda y Salud, las Autoridades Administrativas de Agua; las empresas prestadoras de servicio de agua y alcantarillado, así como las entidades de fiscalización ambiental; en ese contexto, las acciones a ser consideradas en el plazo mediato son:

1. Actualizar el Plan de Desarrollo Urbano en las municipalidades y que incluyan la gestión de los ríos urbanos y de la periferia de las ciudades.

2. Actualizar el Plan de Acondicionamiento Territorial a fin de identificar actividades menos contaminantes y deteriorantes de las aguas de los ríos urbanos.

3. Reformular el PIGARS con la finalidad de incorporar acciones para la gestión integral de los residuos sólidos en el marco del D.L. 1278 en vigencia.

4. Planificar la construcción de colectores que encaucen las aguas residuales de los asentamientos humanos que vierten sus residuos líquidos directamente al cauce de los ríos, como es el caso de Saphy y Cachimayu en Cusco, Mariño en Abancay y Chuyapi en Quillabamba.

5. Formular proyectos de inversión para la construcción de plantas de tratamiento de aguas residuales en Abancay, Quillabamba y Andahuaylas.

6. Elaborar proyectos de áreas verdes longitudinales en la cuenca de los ríos urbanos, no sólo para recuperar la calidad de los cauces, sino que sea un atractivo para la población como un área de diversión y solaz.

7. La AAA, ALA y las municipalidades determinen las fajas marginales de los ríos urbanos actualmente invadidos.

8. De conformidad al numeral 12 del artículo 15º de la Ley Nº 29338, Ley de Recursos Hídricos, (…..) la Autoridad Nacional del Agua ejerce jurisdicción administrativa exclusiva en materia de aguas, desarrollando acciones de administración, fiscalización, control y vigilancia, para asegurar la preservación y conservación de las fuentes naturales de agua, de los bienes naturales asociados a esta y de la infraestructura hidráulica, ejerciendo para tal efecto, la facultad sancionadora y coactiva..); por lo tanto, la ANA, la AAA y las ALA deben mantener permanente vigilancia y control en los cauces de los ríos urbanos y velar por su recuperación en su calidad.

9. Cumplimiento irrestricto de D.S. Nº 010-2019-VIVIENDA, que aprueba el Reglamento de Valores Máximos Admisibles (VMA) para las descargas de aguas residuales no domésticas en el sistema de alcantarillado sanitario y su Reglamento de Valores Máximos Admisibles (VMA) Para las Descargas de Aguas Residuales no Domésticas en el Sistema de Alcantarillado Sanitario. Como se puede colegir, la calidad de los ríos urbanos ha ido perdiéndose y las autoridades con competencia en lugar de recuperar los ríos, han ido desarrollando acciones en menoscabo a la calidad de los ríos, los cauces y la calidad ambiental de las ciudades.

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